“Aporofobia” o el rechazo al pobre. Por Adela Cortina

«No es el extranjero sino el pobre el que molesta, el que parece que no puede aportar nada positivo al PIB», escribe la filósofa Adela Cortina en esta tribuna para Ethic.

Es imposible no comparar la acogida entusiasta y hospitalaria con la que se recibe a los extranjeros que vienen como turistas con el rechazo inmisericorde a la oleada de extranjeros pobres. Se les cierran las puertas, se levantan alambradas y murallas, se impide el traspaso de las fronteras.

Angela Merkel pierde votos en su país, incluso entre los suyos, precisamente por haber intentado mostrar un rostro amable y por persistir en su actitud de elemental humanidad. Inglaterra se niega a recibir inmigrantes y apuesta por el brexit para cerrar sus filas. Sube prodigiosamente el número de votantes y afiliados de los partidos nacionalistas en Francia, Austria, Alemania, Hungría y Holanda. Donald Trump gana las elecciones, entre otras razones por su promesa de deportar inmigrantes mexicanos y de levantar una muralla en la frontera con México. Y, al parecer, parte de los votos provenía de antiguos inmigrantes, ya instalados en su nueva patria.

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